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Impresiones de un peregrino sobre Cicera

Cuesta lanzar un paso tras otro, igual que pensar en el tiempo que vamos a tener al día siguiente, lo importante es que esto no reste nada de lo que nos apetece hacer.

Intento pensar solo en el aquí y ahora, aunque no siempre lo consigo, pero da igual, lo que importa es el empeño y el esfuerzo que ponemos en lo que hacemos.

En estos lugares,el tiempo parece detenido, parado; hay tareas que parecen ancladas en el tiempo: serrar madera para el fuego, etc.

Hay casas con mucha solera,abunda la piedra y el agua de arroyo con los abrevaderos remotos en muchos lugares, a horas determinadas y vete a saber cuando, las vacas bajarán y beberán.

Iglesia de Cicera en Cantabria

Suenan toques de campana, solitarios y retumbones que invitan a «no se qué…», para algunos será recogimiento y para otras y sólo otras mujeres, una costumbre que las llevará a un banco de la iglesia donde verse, repetir unos rezos sabidos y quizás acordarse de los que ya no están; también esperar quizás a que llegue el día, ese día…en el que termine todo, los recuerdos de otras personas, unas queridas y otras menos queridas pero presentes en muchos casos…; como será eso…suspiro, respiración entrecortada…terminada tal vez, algún recuerdo que otro, o pocos, o ninguno quizás, ojos que se abren por última vez y se cierran levantando pupilas, imagino que no será igual morir solo que acompañado, imagino solo claro.

Quizás quien mejor se quede sea el que cierra los ojos y fluye y se va…

Escrito por: J. L. C. A

Entrada al Molino de Cicera

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